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Bolsonaro ganó con amplitud y Brasil gira a la ultraderecha

El ex militar venció en el balotaje al izquierdista Haddad por 55,15% a 44,85%. Le sacó 11 millones de votos. Esa misma cifra hubo de sufragios blancos o nulos. Abstención: 30 millones.

El ultraderechista Jair Bolsonaro fue electo este domingo presidente de Brasil, con el 55,15% de los votos, frente a 44,85% para el izquierdista Fernando Haddad, según datos oficiales tras el cómputo de casi el 99,91% de las urnas.

Una multitud se había reunido desde varias horas antes de los anuncios frente a la casa del ex capitán del Ejército para festejar una victoria ampliamente prevista por los sondeos.

Bolsonaro, de 63 años, un admirador de la dictadura militar (1964-1985), sucederá el 1º de enero al presidente conservador Michel Temer.

Su campaña se basó en un rechazo visceral del Partido de los Trabajadores (PT) de Haddad y en promesas de mano dura contra la criminalidad y de lucha contra la corrupción.

Esta derrota del PT -la primera de las últimas cinco elecciones presidenciales- se suma a una serie de reveses para el partido que llegó a ser la mayor fuerza de izquierda de occidente.

En 2016, la presidenta Dilma Rousseff fue destituida por el Congreso y en abril de este año su líder histórico, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), fue detenido para empezar a purgar una pena de 12 años y un mes de cárcel por corrupción y lavado de dinero.

Alrededor de 147,3 millones de brasileños estuvieron habilitados para votar este domingo. De todos ellos, 11 millones lo hicieron en blanco o nulo, y no fueron a sufragar 30 millones de personas.

Bolsonaro, un ex capitán del Ejército de 63 años, había ganado la primera vuelta con 46% de los votos, frente a 29% para Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT).

Sus electores prestaron más atención a su promesa de combatir una criminalidad galopante flexibilizando el porte de armas y a sus denuncias contra la corrupción que a sus exabruptos misóginos, homofóbicos y racistas o a su falta de iniciativas importantes en sus 27 años como diputado.

Bolsonaro deberá gobernar junto a un Congreso con partidos debilitados por los escándalos y dominado por los lobbies conservadores del agronegocio, de las iglesias evangélicas y de los defensores del porte de armas.

El PT seguirá siendo la primera fuerza en la Cámara, pese a haber perdido varios diputados tras ser uno de los partidos más golpeados por las investigaciones sobre sobornos en Petrobras. Ese escándalo llevó a la cárcel a su líder histórico, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), que purga desde abril una pena de 12 años de cárcel.

Haddad, de 55 años, fue designado candidato en septiembre, en reemplazo de Lula.

Su despegue se dio sobre la base de millones de brasileños que se beneficiaron de las políticas de inclusión social de Lula. Pero no consiguió, superada la primera vuelta, más que el «apoyo crítico» de los principales dirigentes de centroizquierda, que reprochan al PT sus manejes político-financieros durante sus años en el poder.

Bolsonaro sustituirá el 1º de enero de 2019 al conservador Michel Temer, el presidente más impopular desde el retorno de la democracia, que asumió el cargo en 2016 tras la destitución de Dilma Rousseff, del PT, acusada de manipular las cuentas públicas.

¿La democracia en peligro?

Haddad prometió luchar hasta el último aliento para impedir que «el fascismo se instale en Brasil»; y Lula pidió desde la cárcel relegar las divergencias entre «demócratas». «No podemos dejar que la desesperación lleve a Brasil hacia una aventura fascista», alertó.

Bolsonaro, que aún carga con una bolsa de colostomía debido a una puñalada que le asestaron en el abdomen en septiembre, hizo campaña esencialmente en las redes sociales, sin participar en ningún debate, alegando prescripción médica. Su convalecencia no suavizó en nada sus violentas diatribas.

«O se marchan o van a la cárcel. Esos marginales rojos serán desterrados de nuestra patria», vociferó el domingo en una intervención por teléfono trasmitida en un mitin en Sao Paulo. Esa arenga «rabiosa» llevó a Alberto Goldman, exgobernador de Sao Paulo y miembro de la dirección del centroderechista PSDB (el partido del expresidente Fernando Henrique Cardoso) a anunciar que votaría por Haddad.

Goldman cree que las instituciones democráticas resistirán a un gobierno de Bolsonaro. «Pero no estoy dispuesto a pagar para comprobarlo», declaró.

Márcio Coimbra, coordinador de programas de posgrados en Relaciones Internacionales de la Facultad Presbiteriana Mackenzie (EEUU), descarta que Bolsonaro pueda tomar medidas «que afecten a la democracia».

Brasil, alega, tiene «un Ministerio Público fuerte, una Corte Suprema fuerte y un Congreso abierto». «Es posible que haga reformas de la Constitución, para adaptarla a su agenda, pero que no afectarán la democracia»,
sostiene.

Dos edades de oro diferentes

Bolsonaro y Haddad se proponían revivir tiempos heroicos, aunque diferentes. El lema de campaña del PT, «El pueblo feliz de nuevo», evoca la «edad de oro» de los gobiernos de Lula, con una economía boyante impulsada por los precios elevados de los productos agrícolas.

El paraíso perdido de Bolsonaro es otro: «Queremos un país semejante al que teníamos 40 o 50 años atrás», declaró en una entrevista radial. El periodo de referencia, de 1968 a 1978, fue el más duro de la dictadura militar, con persecuciones y torturas de opositores. Pero también fue en su inicio el del «milagro económico» brasileño, un proyecto industrializador.

En política externa, Bolsonaro mostró voluntad de acercamiento al estadounidense Donald Trump, incluyendo un aumento de la presión sobre el régimen socialista de Venezuela, en pleno marasmo económico y social. Haddad quería reforzar las relaciones Sur-Sur.

El gurú económico de Bolsonaro, Paulo Guedes, tratará de lanzar un programa de privatizaciones para reducir la deuda y reactivar la economía, que viene de dos años de recesión y dos más de débil crecimiento.

Pero ante las resistencias en su propio campo Bolsonaro tuvo que aclarar que sólo privatizará actividades periféricas de Petrobras o de Eletrobras y descartó la participación de grupos extranjeros en la generación de energía.

Informe de Fernando Genesir, enviado especial de Cadena 3

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Corrientes: Excomisario acusado de abuso sexual ofreció 300 mil pesos para evitar el juicio

La oferta fue hecha en el marco de una audiencia de suspensión de juicio a prueba. “Ya he sido condenado sin haber llegado a juicio, qué más daño quieren hacerme”, dijo Sergio Sánchez.
Un excomisario correntino acusado de abuso sexual ofreció 300 mil pesos para evitar ir a juicio.

Se trata del excomisario general Sergio Sánchez, quien fue pasado a disponibilidad en la Policía de Corrientes por estar procesado en una causa por abuso sexual simple y acoso contra una suboficial con la que trabajaba en Villa Olivari.

El mes pasado fue nombrado director general de Personal y Formación policial en la Jefatura de la Policía de Corrientes, pero su designación generó gran repudio en la comunidad y fue dado de baja.

Ayer, en la localidad de Ituzaingó, se llevó a cabo la audiencia de suspensión de juicio a prueba solicitada por Sánchez.

Allí ofreció abonar la suma de 300 mil pesos en cuotas de 15 mil y la realización de tareas comunitarias en la ciudad de Gobernador Virasoro.

La fiscalía de Instrucción se opuso a lo peticionado en razón de tratarse de hechos cometidos en el contexto de violencia de género y en ocasión del servicio de funcionario público, aprovechándose el imputado de la calidad de subordinada de la víctima.

Se le cedió la palabra a la víctima, quien también se opuso y rechazó el ofrecimiento.

En tanto, Sánchez expresó que ya se encuentra “condenado sin haber llegado a juicio, qué más daño quieren hacerme”.

Finalmente, el juez de Instrucción y Correccional, doctor Claudio Garay, resolvió no hacer lugar a la suspensión de juicio a prueba.

Cabe recordar que el hecho trascendió en el 2017. Luego de la denuncia presentada por Liliana I., sus familiares y allegados realizaron una marcha para reclamar justicia en Ituzaingó. En ese marco, la mujer policía detalló la situación que padeció mientras trabajaba en la seccional de Villa Olivari.

“El comisario de ahí me acosaba siempre, diciéndome cosas. Nunca pensé que me iba a manosear, que me iba a tocar”, señaló la suboficial en una acusación pública. “Un día llevé papeles a la oficina de él para que firmara, como siempre, (él) cerró la puerta y dijo que yo necesitaba unos masajes. Le dije que no, que no necesitaba nada. Pero se levantó, cerró las cortinas, me tocó los pechos, me besó el cuello y me quiso levantar la chomba”, contó Liliana. Asimismo, relató que la situación le provocó un grave cuadro depresivo y que hasta pensó en quitarse la vida.

La causa avanzó, y en marzo de 2020, el Juzgado de Instrucción y Correccional de Ituzaingó procesó por abuso sexual simple y acoso, al comisario Sergio Rubén Sánchez, quien permanece en libertad.
Diario21.-

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Nacionales

El riesgo país alcanzó nuevo récord y trepó a 2.596 puntos

Se trata del valor más alto desde el canje de deuda con acreedores privados de 2020. Si bien la Bolsa de Buenos Aires rebotó casi un 4%, las acciones argentinas se desplomaron en Wall Street.
Las acciones en el mercado local rebotaron este martes un 4%, pero se desplomaron en la bolsa de Nueva York, al igual que los bonos que empujaron el riesgo país a un nuevo récord nominal de 2.596 puntos, el más alto desde el último canje de deuda.
Las acciones en el mercado local rebotaron este martes un 4%, pero se desplomaron en la bolsa de Nueva York, al igual que los bonos que empujaron el riesgo país a un nuevo récord nominal de 2.596 puntos, el más alto desde el último canje de deuda.
Tal como se aguardaba, la baja generalizada en Wall Street fue interpretada por los operadores como la verdadera reacción de los inversores internacionales a los cambios en Economía, porque el lunes la bolsa norteamericana no tuvo actividad.
El riesgo país argentino, elaborado por el JP Morgan, se disparó un 9,4% y toca su máximo desde el canje de 2020, al ubicarse en los 2.596 puntos, mientras que el viernes pasado había llegado a los 2.374 puntos básicos.
Los papeles que cotizan en Wall Street se derrumban hasta un 10,2%, liderados por Cresud, seguido de Pampa Energía (9,1%) y Tenaris (8,1%), mientras que las subas de Mercado Libre (5,9%) y de Despegar (3,8%) compensaban las bajas generalizadas.
El panel líder S&P Merval de la Bolsa de Buenos Aires rebotó un 3,99% en pesos, a 92.689,47 puntos, debido a compras de oportunidad, pero el indicador tocó el lunes en dólares su valor más bajo desde el 6 de mayo de 2021.
En la bolsa porteña, las subas fueron para los papeles de BMA, que rebotaron 10,18%; CEPU, 9,48%; LOMA, 8,71%; HAVA, 7,10% y BBAR, 7,34%, mientras que las bajas afectaron las especie de GRIM, 3,95%; PGR, 3,56%; GAMI, 2,10%; BOLT, 2,01% y CAPX, que retrocedió 1,99%.
El mercado, con un derrumbe de precios y ausencia de inversores institucionales, obligó al Banco Central a intervenir en los títulos en pesos para evitar la caída de las cotizaciones.
La intervención de la máxima autoridad monetaria permitió que el Cuasipar subiera 10%; el Par, un 3,6% y el TX26, un 2%.
Los bonos anotan bajas generalizadas de hasta el 5,2%, lideradas por el Global 2029, seguido del Global (4,8%) y el Bonar 2030 (3,7%).
Cadena3.-

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Nacionales

A pesar de la reunión entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, en el Frente de Todos sigue sin haber expectativa de una tregua

En la alianza hay diferentes miradas sobre el acercamiento entre el Presidente y la Vicepresidenta. Hay quienes creen que fue positivo y otros que advierten que nada cambiará
“Alberto tiene que decidir qué hacer. Esta situación híbrida no tiene futuro. Hay dos opciones. O logra un acuerdo con Cristina o rompe con ella. No hay tres posibilidades. Hay dos”. La sentencia pertenece a uno de los intendentes peronistas más importantes e influyentes del conurbano bonaerense.
Su percepción, su mirada sobre la realidad, tiene múltiples réplicas en el heterogéneo mundo del peronismo. La decepción que atraviesa al Frente de Todos desde hace tiempo, no cambio demasiado después de que se conociera que Alberto Fernández y Cristina Kirchner se reencontraron en la Quinta de Olivos tras cuatro meses de silencio.
La relación política entre los dos está quebrada y recomponerla parece ser una utopía. Sobre todo porque son pocos los puntos de acuerdo respecto al rumbo del Gobierno. La tregua del domingo, en el que hablaron cerca de una hora por teléfono, solo sirvió para poder coordinar un ministro de economía que reemplace a Martín Guzmán.
Fernández tenía en claro que no podía avanzar por su cuenta con un nuevo nombre y sin el consenso de la Vicepresidenta. Se resistió a llamarla, pero terminó accediendo en el final de una jornada plagada de rumores y reuniones sobre el futuro del gabinete. Finalmente, acordaron que sea Silvina Batakis la nueva ministra. Hasta ahí llegó el acuerdo.
La Vicepresidenta sigue considerando, como ya ha expresado en público, que el gasto público debe aumentar, aunque eso implique no cumplir con los parámetros que tiene el acuerdo que el gobierno nacional firmó con el FMI. El jefe de Estado, en tanto, entiende que hay que respetar la negociación que se hizo con el Fondo. Cumplir. Tal como sostenía Martín Guzmán.
Otro de los temas sensibles fue el futuro de los movimientos sociales en el Gobierno. El control y la administración de los planes sociales que salen del ministerio de Desarrollo Social y que están bajo la órbita del líder del Movimiento Evita, Emilio Pérsico. Fernández no cedió ante la presión. Quiere que las cosas sigan como están.
Los apuntados por el kirchnerismo son los tres dirigentes sociales que ocupan cargos en la estructura del Estado: el Secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete, Fernando “Chino” Navarro (Evita); el Secretario de Economía Social del ministerio de Desarrollo Social, Emilio Pérsico (Evita); y el Subsecretario de Políticas de Integración y Formación de la misma cartera, Daniel Menéndez (Barrios de Pie).
Fernández no tiene en sus planes correr a ninguno de ellos. En definitiva, son la única base de poder que tiene el Presidente después de las sucesivas crisis de la interna peronista, el desgaste de la gestión y su decisión de no construir un nuevo esquema político que lo tenga como absoluto líder.
Hasta el sábado pasado, cuando se quedó sin ministro de Economía, la figura de Martín Guzmán era central en la columna de poder presidencial. El propio Fernández lo convirtió en un rol estratégico y determinante cada vez que lo respaldó frente a los continuos cuestionamientos del kirchnnerismo, y los murmullos sobre su futuro que se empezaron a generar en el massismo y el albertismo.
La salida de Guzmán le pegó directo en la base de flotación, lo que lo obligó a dedicarse todo el domingo a tratar de domar la crisis que se avecinaba. Ni el nombre acordado de Batakis, ni la cena de ayer en Olivos generaron una señal fuerte de credibilidad. Ni en el peronismo, ni en los mercados.
El Presidente dejó de tener una tropa política propia. Nunca la tuvo del todo conformada, pero meses atrás estaba claro que había una mesa política que integraban, además de su siempre hombre de confianza, Santiago Cafiero, los ministros Juan Zabaleta, Gabriel Katopodis y Jorge Ferraresi.
Esa mesa no existe más. Su relación con los ministros es buena. Se siguen hablando con frecuencia. Sobre todo con “Kato” y “Juanchi”, pero ninguno de los dos estuvo el domingo, en una jornada de mucha tensión y determinante para el futuro del Gobierno. Gestos que hablan por si solos.
Fernández estuvo rodeado de su círculo de confianza desde hace años. Amigos que hoy están en la función pública y que siempre han sido leales. El secretario de la Presidencia, Julio Vitobello; el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz; la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra; el jefe de Asesores, Juan Manuel Olmos; el legislador porteño Claudio Ferreño. A ese grupo se sumó la Portavoz, Gabriela Cerruti.
El Presidente no tiene alineados a los gobernadores ni a la CGT, aunque ambas partes siempre dieron señales de sostenerlo, desde el plano institucional, al frente del Gobierno. Evitaron jugar la mayoría de los partidos de la interna que atraviesa al Frente de Todos. No se quieren desgastar.
“Los mercados y la sociedad vería bien una conciliación. Pese a lo que piensen los distintos sectores políticos. Generaría que la idea es que empujan todos para el mismo lado. Sería un buen mensaje”, advirtió un importante senador del interior. El problema es que el mensaje de la reconciliación está vacío de contenido. La reunión en su misma es un hecho político trascendente, pero no determinante.
En todo el peronismo crece, cada vez más, la presión para que Alberto y Cristina dejen de lado las diferencias que tienen sobre la gestión. Entienden que el espacio político necesita la unidad de criterios ante de las elecciones. Es la única forma de no sucumbir ante la oposición. Los únicos que pueden cambiar ese destino son el Presidente y la Vicepresidenta. Solo depende de ellos.
INFOBAE.-

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